Existe una escalera en el Olivar que puedes ir subiendo peldaño a peldaño, o de dos en dos, o de tres en tres, casi tropezando. Los que tienen las piernas más largas llegan a la cima de un salto. Unas veces me pasa a mí, subo poquito a poco y otras más deprisa, a saltos, de prisa, muy rápido. Otros vienen ya subidos en su propia escalera, arriba del todo y la ponen encima de la escalera del Olivar y quedan por encima de los demás. Supongo que en eso de las escaleras pasa en muchos sitios, hasta en otros bares, pero aquí es distinto. La velocidad, distancia, rapidez, intensidad con la que se sube las escaleras del Olivar es directamente proporcional a depende lo que hayas tomado y con que rapidez, lo que hayas fumado y con quien, lo que hayas comido y de qué color porque te recuerdo que en esta escalera no se sirven comidas aunque alguna veces Esther aparezca con un bizcocho. Las escaleras dependen también de tu carga genética, de tu experiencia y de lo que te hayan hecho. Todo forma la escalera de la locura.
A los desequilibrados siempre nos miran de forma paternal o con desprecio desde el peldaño de la sensatez y de la normalidad, ese tipo de peldaños escasean en el Olivar. Los cuerdos y sensatos vienen alguna vez, intentan subir las escaleras pero desgraciadamente se caen, sangran un poquito, se marchan y no vuelven. Una pena. Son muy divertidos y nos reímos mucho con ellos cuando la boca se les pone como un agujerito sorprendidos por la gente habitual del Olivar. He visto incluso como alguno ha salido corriendo.
Como no podría ser de otra manera hay locos geniales en este local. De esos hay muchos. Vienen con su escalera que normalmente es una exposición de pintura colgada en las paredes. Otros vienen con música, folletos o panfletos. Pero lo normal es la locura iletrada, historias que van pasando, cuentos geniales imposibles de reproducir a los que no lo vieron, experiencias increíbles a pesar de que son ciertas. A la gente cuerda no le pasan esas cosas. Pobrecillos. Están empecinados en pensar que estamos locos, que somos raros pero no se dan cuentan de que el fracaso es el dueño de sus vidas. El fracaso vital de los cuerdos
A los desequilibrados siempre nos miran de forma paternal o con desprecio desde el peldaño de la sensatez y de la normalidad, ese tipo de peldaños escasean en el Olivar. Los cuerdos y sensatos vienen alguna vez, intentan subir las escaleras pero desgraciadamente se caen, sangran un poquito, se marchan y no vuelven. Una pena. Son muy divertidos y nos reímos mucho con ellos cuando la boca se les pone como un agujerito sorprendidos por la gente habitual del Olivar. He visto incluso como alguno ha salido corriendo.
Como no podría ser de otra manera hay locos geniales en este local. De esos hay muchos. Vienen con su escalera que normalmente es una exposición de pintura colgada en las paredes. Otros vienen con música, folletos o panfletos. Pero lo normal es la locura iletrada, historias que van pasando, cuentos geniales imposibles de reproducir a los que no lo vieron, experiencias increíbles a pesar de que son ciertas. A la gente cuerda no le pasan esas cosas. Pobrecillos. Están empecinados en pensar que estamos locos, que somos raros pero no se dan cuentan de que el fracaso es el dueño de sus vidas. El fracaso vital de los cuerdos
En el mundo,que es salvaje y cruel a nuestro pesar,se disputan hasta las mas mínimas jerarquias.El prémio es ser el gran loco.
ResponderEliminarUn ejecutivo pensaba el otro día,"joder,que pasado estoi,sí,sí,esto es el éxito".Por ello desde nuestra plataforma,queremos denunciar a chiflados peligrosos como:
.caperucita roja
.Emilio Butragueño
.el del Telediario
.Agustina de Aragón
.la hija de Sancho Panza
pero sobre todo,el nuevo bedel del pabellón psiquiátrico.Imaginar el pasado,ignorar el presente,recordar el futuro.Salud.