martes, 4 de mayo de 2010

II. LA BUENA EDUCACIÓN Y LAS TRIBUS

En el Olivar hay muchas tribus. De todas las formas: gordos, flacos, altos, bajos, redondos, cuadrados y hasta de forma triangular. Colores hay muchos también: rosaditos, tostados, rubios, castaños y hay hasta negros. Con la educación también hay de todo: buena, mala, regular y mixta. Los negros –que por supuesto son del África Negra- tienen buena educación.

Los negros suelen beber café y té aunque algunos, de forma discreta, se les escapa un vino con coca-cola pero otros valientes toman un chupito furtivo y a escondidas. Lo normal es que sean altos y guapos, hablan muchos idiomas que no entiendo: wolof, serer, mandinga, shuawili, inglés, francés y algunas veces hasta castellano.

Llenan el bar con su presencia. Las mujeres de otros colores –y algún hombre- los miran de reojo y cuchichean entre ellas, alguna veces intuyo lo que se cuentan y otras me lo dicen pero no lo voy a revelar aquí.

Hay horas en el día en que el color mas sonoro en el Olivar es el negro por eso parece otro país o varios a la vez, como no he viajado mucho eso me gusta mucho. Bendito sea el color negro que me está colonizando con sus buenas costumbres. Piden las cosas por favor, no dan voces y siempre te dan la palabra, nunca interrumpen una conversación, se interesan por lo que dices, quieren mucho a Esther y a Pili, que trabaja en el piso de arriba del Olivar.

Me gusta que me colonice el color negro, es un color que suena sinfónico, con armonía. Me siento mejor, más negro y más humano. Pero por favor ¿cuándo vendrán sus hermanas y amigas para que también pueda cuchichear con Manu?


Hoy no es lunes pero por fin es viernes en el Olivar, a 12 de marzo de 2010

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