martes, 4 de mayo de 2010

I.- EL MUNDO DEL OLIVAR LOS LUNES

El Olivar es pequeño, juguetón, alegre… a veces triste. Con mesas cuadradas y sillas redondas; es un pequeño mundo diferente, distinto, de grupo y de uno solo, de luz baja que posee música que cambia según el ánimo de Esther.

Esther es pequeña, de pelo corto y rubia. Una frágil fuerte, una callada que habla mucho. No bebe, come mucho arroz. No es de este mundo, es del suyo aunque también pertenece a todos los mundos que viven en el Olivar.

El Olivar es mi centro del mundo de martes a viernes, de 8:00 a 10:00. Los lunes no existe, algo habrá que hacer para solucionar los lunes a solas sin El Olivar.

Bebedores de Whisky, cerveza, ron, café, leche caliente o té. Mezclados. Mezclados en una cosmogonía de razas, edades, todos los tipos de sexo (no solo hombre o mujer), un sitio pequeño con personas grandes.

- “¿A qué saben los besos de frente?” pregunta un senegalés de 34 años mientras roba unos besos en las mejillas.
- “¡A gloria!” responde una adicta a las piedras de hielo mezcladas con lágrimas de DYC.
- “¡Ya me gustaría!” continúa un polaco demasiado alto, demasiado rubio, demasiado guapo.

Mientras suena de fondo “La Cocainómana” de 1921, música de Esther que no sabemos como la consigue. Supongo que de la trastienda, un lugar de paredes de piedra, húmedas y frías donde los camareros desparecen como engullidos, tardan en salir... Creo que fabrican la música dentro o hacen pócimas invisibles para embrujar, para encantar el mundo del Olivar.

Da igual, no lo sé. Lo único que sé es que hoy es lunes, otro lunes huérfano. Algo habrá que hacer. Quiero una revolución, derribar la puerta de una patada todos los lunes y poder entrar en el Olivar.

Algo habrá que pensar.

En el Pub La Deva a 8 de febrero de 2010.

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