jueves, 22 de julio de 2010
V. BELLEZA GRIEGA
Un día llegó y no sabía quien era. Me dicen que es griego y no me extraña. Su sonrisa y los ojos iban de la mano. Luminosos, sonrientes tanto los ojos como los dientes. Poco hablamos entre nosotros porque siempre estuvo rodeado de mujeres hermosas en este Olivar. Lo exótico que nos puede... Me hubiera gustado conocerlo mejor pero no pudo ser y un día me dijeron "se marcha" y pregunté "¿hasta cuándo?" y él me dijo "hasta siempre". Dí un grito y exclamé "nunca se dice hasta siempre" y él rectificó asegurando "hasta dentro de 3.000 años". Saludos a los griegos que pasaron por mi vida, unos segundos, unas semanas y no volví a ver
martes, 4 de mayo de 2010
IV.- LA REINA
Una semana después de celebrar el 79 aniversario de la republica española me acerco al Olivar con mi hija y mi amiga adicta a las lagrimas de DYC me dice” La reina ha muerto”, pensé que era un chiste pero era verdad la Reina ha muerto. Pero no la esposa de Juan Carlos sino nuestra Reina. La Reina de la zona, la que rodea al Olivar. La reina era muchas cosas, muy politoxicómona, muy mujer, muy ladrona, muy habladora y tremendamente coqueta. Hace un mes se acerco al Olivar con su novio y una hermosa rosa blanca, “vengo de elegir mi ramo de novia porque me voy a casar”. Abrí los ojos muy grandes mientras su novio, borracho, no articulaba palabra y mi compañero de barra que es polaco, guapo, alto y rubio decía “yo no tengo suerte”.
Ella fue de todo. Los académicos dirán que fue una antisocial, marginal, borracha y caradura. Tienen razón pero también mienten. Porque todo depende de lo que quieras ser y como hayas nacido. Hizo la calle hace 20 años, dicen que murió un cliente en el negocio de la calle y se tuvo que ir obligada al centro donde encierran a los antisociales. Una vez en el Olivar enseñó sus pechos a un amigo, orgullosa del buen trabajo que habían hecho. Por suerte o por desgracia todas estas cosas me las han contado yo no las pude ver. Ni la calle, ni el cliente, ni los pechos pero sí el novio borracho, orgulloso, al lado de la rosa blanca.
Nunca me gusto. Tenía una cara demasiado angulosa, excesivamente varonil, muy habladora y mentirosa pero contaba cosas divertidas porque se había creado su propia historia de vida y de calle. Tenía el pelo largo pero durante una temporada, para esconderse de la represión, se cortó el pelo y se vistió de hombre. Quería pasar desapercibida pero era difícil. La conocíamos. Y los que buscaban un rato de placer rápido sabían que era ella a pesar de no llevar su pelo.
Me dicen que atracó a una señora al norte del Olivar. La detuvieron. La encarcelaron. Es lo que había que hacer. Ella lo sabía, estaba acostumbrada, jugaba con esas cosas y jugaba bien. Pero no quiso continuar más. Murió esta semana encerrada y nadie la mato. Se murió por si misma o con su propia ayuda. Cansó de jugar. ¿Se mató o la matamos? No se responde a las buenas preguntas aunque también se pueden contestar muchas cosas a la vez y muy distintas entre si.
Era demasiado mujer para estar en un cuerpo de hombre y eso que tenía pechos que por suerte o por desgracia yo no pude ver.
La reina ha muerto. ¡Viva la Republica!
Ella fue de todo. Los académicos dirán que fue una antisocial, marginal, borracha y caradura. Tienen razón pero también mienten. Porque todo depende de lo que quieras ser y como hayas nacido. Hizo la calle hace 20 años, dicen que murió un cliente en el negocio de la calle y se tuvo que ir obligada al centro donde encierran a los antisociales. Una vez en el Olivar enseñó sus pechos a un amigo, orgullosa del buen trabajo que habían hecho. Por suerte o por desgracia todas estas cosas me las han contado yo no las pude ver. Ni la calle, ni el cliente, ni los pechos pero sí el novio borracho, orgulloso, al lado de la rosa blanca.
Nunca me gusto. Tenía una cara demasiado angulosa, excesivamente varonil, muy habladora y mentirosa pero contaba cosas divertidas porque se había creado su propia historia de vida y de calle. Tenía el pelo largo pero durante una temporada, para esconderse de la represión, se cortó el pelo y se vistió de hombre. Quería pasar desapercibida pero era difícil. La conocíamos. Y los que buscaban un rato de placer rápido sabían que era ella a pesar de no llevar su pelo.
Me dicen que atracó a una señora al norte del Olivar. La detuvieron. La encarcelaron. Es lo que había que hacer. Ella lo sabía, estaba acostumbrada, jugaba con esas cosas y jugaba bien. Pero no quiso continuar más. Murió esta semana encerrada y nadie la mato. Se murió por si misma o con su propia ayuda. Cansó de jugar. ¿Se mató o la matamos? No se responde a las buenas preguntas aunque también se pueden contestar muchas cosas a la vez y muy distintas entre si.
Era demasiado mujer para estar en un cuerpo de hombre y eso que tenía pechos que por suerte o por desgracia yo no pude ver.
La reina ha muerto. ¡Viva la Republica!
III.- LA SALUD MENTAL EN EL OLIVAR
Existe una escalera en el Olivar que puedes ir subiendo peldaño a peldaño, o de dos en dos, o de tres en tres, casi tropezando. Los que tienen las piernas más largas llegan a la cima de un salto. Unas veces me pasa a mí, subo poquito a poco y otras más deprisa, a saltos, de prisa, muy rápido. Otros vienen ya subidos en su propia escalera, arriba del todo y la ponen encima de la escalera del Olivar y quedan por encima de los demás. Supongo que en eso de las escaleras pasa en muchos sitios, hasta en otros bares, pero aquí es distinto. La velocidad, distancia, rapidez, intensidad con la que se sube las escaleras del Olivar es directamente proporcional a depende lo que hayas tomado y con que rapidez, lo que hayas fumado y con quien, lo que hayas comido y de qué color porque te recuerdo que en esta escalera no se sirven comidas aunque alguna veces Esther aparezca con un bizcocho. Las escaleras dependen también de tu carga genética, de tu experiencia y de lo que te hayan hecho. Todo forma la escalera de la locura.
A los desequilibrados siempre nos miran de forma paternal o con desprecio desde el peldaño de la sensatez y de la normalidad, ese tipo de peldaños escasean en el Olivar. Los cuerdos y sensatos vienen alguna vez, intentan subir las escaleras pero desgraciadamente se caen, sangran un poquito, se marchan y no vuelven. Una pena. Son muy divertidos y nos reímos mucho con ellos cuando la boca se les pone como un agujerito sorprendidos por la gente habitual del Olivar. He visto incluso como alguno ha salido corriendo.
Como no podría ser de otra manera hay locos geniales en este local. De esos hay muchos. Vienen con su escalera que normalmente es una exposición de pintura colgada en las paredes. Otros vienen con música, folletos o panfletos. Pero lo normal es la locura iletrada, historias que van pasando, cuentos geniales imposibles de reproducir a los que no lo vieron, experiencias increíbles a pesar de que son ciertas. A la gente cuerda no le pasan esas cosas. Pobrecillos. Están empecinados en pensar que estamos locos, que somos raros pero no se dan cuentan de que el fracaso es el dueño de sus vidas. El fracaso vital de los cuerdos
A los desequilibrados siempre nos miran de forma paternal o con desprecio desde el peldaño de la sensatez y de la normalidad, ese tipo de peldaños escasean en el Olivar. Los cuerdos y sensatos vienen alguna vez, intentan subir las escaleras pero desgraciadamente se caen, sangran un poquito, se marchan y no vuelven. Una pena. Son muy divertidos y nos reímos mucho con ellos cuando la boca se les pone como un agujerito sorprendidos por la gente habitual del Olivar. He visto incluso como alguno ha salido corriendo.
Como no podría ser de otra manera hay locos geniales en este local. De esos hay muchos. Vienen con su escalera que normalmente es una exposición de pintura colgada en las paredes. Otros vienen con música, folletos o panfletos. Pero lo normal es la locura iletrada, historias que van pasando, cuentos geniales imposibles de reproducir a los que no lo vieron, experiencias increíbles a pesar de que son ciertas. A la gente cuerda no le pasan esas cosas. Pobrecillos. Están empecinados en pensar que estamos locos, que somos raros pero no se dan cuentan de que el fracaso es el dueño de sus vidas. El fracaso vital de los cuerdos
II. LA BUENA EDUCACIÓN Y LAS TRIBUS
En el Olivar hay muchas tribus. De todas las formas: gordos, flacos, altos, bajos, redondos, cuadrados y hasta de forma triangular. Colores hay muchos también: rosaditos, tostados, rubios, castaños y hay hasta negros. Con la educación también hay de todo: buena, mala, regular y mixta. Los negros –que por supuesto son del África Negra- tienen buena educación.
Los negros suelen beber café y té aunque algunos, de forma discreta, se les escapa un vino con coca-cola pero otros valientes toman un chupito furtivo y a escondidas. Lo normal es que sean altos y guapos, hablan muchos idiomas que no entiendo: wolof, serer, mandinga, shuawili, inglés, francés y algunas veces hasta castellano.
Llenan el bar con su presencia. Las mujeres de otros colores –y algún hombre- los miran de reojo y cuchichean entre ellas, alguna veces intuyo lo que se cuentan y otras me lo dicen pero no lo voy a revelar aquí.
Hay horas en el día en que el color mas sonoro en el Olivar es el negro por eso parece otro país o varios a la vez, como no he viajado mucho eso me gusta mucho. Bendito sea el color negro que me está colonizando con sus buenas costumbres. Piden las cosas por favor, no dan voces y siempre te dan la palabra, nunca interrumpen una conversación, se interesan por lo que dices, quieren mucho a Esther y a Pili, que trabaja en el piso de arriba del Olivar.
Me gusta que me colonice el color negro, es un color que suena sinfónico, con armonía. Me siento mejor, más negro y más humano. Pero por favor ¿cuándo vendrán sus hermanas y amigas para que también pueda cuchichear con Manu?
Hoy no es lunes pero por fin es viernes en el Olivar, a 12 de marzo de 2010
Los negros suelen beber café y té aunque algunos, de forma discreta, se les escapa un vino con coca-cola pero otros valientes toman un chupito furtivo y a escondidas. Lo normal es que sean altos y guapos, hablan muchos idiomas que no entiendo: wolof, serer, mandinga, shuawili, inglés, francés y algunas veces hasta castellano.
Llenan el bar con su presencia. Las mujeres de otros colores –y algún hombre- los miran de reojo y cuchichean entre ellas, alguna veces intuyo lo que se cuentan y otras me lo dicen pero no lo voy a revelar aquí.
Hay horas en el día en que el color mas sonoro en el Olivar es el negro por eso parece otro país o varios a la vez, como no he viajado mucho eso me gusta mucho. Bendito sea el color negro que me está colonizando con sus buenas costumbres. Piden las cosas por favor, no dan voces y siempre te dan la palabra, nunca interrumpen una conversación, se interesan por lo que dices, quieren mucho a Esther y a Pili, que trabaja en el piso de arriba del Olivar.
Me gusta que me colonice el color negro, es un color que suena sinfónico, con armonía. Me siento mejor, más negro y más humano. Pero por favor ¿cuándo vendrán sus hermanas y amigas para que también pueda cuchichear con Manu?
Hoy no es lunes pero por fin es viernes en el Olivar, a 12 de marzo de 2010
I.- EL MUNDO DEL OLIVAR LOS LUNES
El Olivar es pequeño, juguetón, alegre… a veces triste. Con mesas cuadradas y sillas redondas; es un pequeño mundo diferente, distinto, de grupo y de uno solo, de luz baja que posee música que cambia según el ánimo de Esther.
Esther es pequeña, de pelo corto y rubia. Una frágil fuerte, una callada que habla mucho. No bebe, come mucho arroz. No es de este mundo, es del suyo aunque también pertenece a todos los mundos que viven en el Olivar.
El Olivar es mi centro del mundo de martes a viernes, de 8:00 a 10:00. Los lunes no existe, algo habrá que hacer para solucionar los lunes a solas sin El Olivar.
Bebedores de Whisky, cerveza, ron, café, leche caliente o té. Mezclados. Mezclados en una cosmogonía de razas, edades, todos los tipos de sexo (no solo hombre o mujer), un sitio pequeño con personas grandes.
- “¿A qué saben los besos de frente?” pregunta un senegalés de 34 años mientras roba unos besos en las mejillas.
- “¡A gloria!” responde una adicta a las piedras de hielo mezcladas con lágrimas de DYC.
- “¡Ya me gustaría!” continúa un polaco demasiado alto, demasiado rubio, demasiado guapo.
Mientras suena de fondo “La Cocainómana” de 1921, música de Esther que no sabemos como la consigue. Supongo que de la trastienda, un lugar de paredes de piedra, húmedas y frías donde los camareros desparecen como engullidos, tardan en salir... Creo que fabrican la música dentro o hacen pócimas invisibles para embrujar, para encantar el mundo del Olivar.
Da igual, no lo sé. Lo único que sé es que hoy es lunes, otro lunes huérfano. Algo habrá que hacer. Quiero una revolución, derribar la puerta de una patada todos los lunes y poder entrar en el Olivar.
Algo habrá que pensar.
En el Pub La Deva a 8 de febrero de 2010.
Esther es pequeña, de pelo corto y rubia. Una frágil fuerte, una callada que habla mucho. No bebe, come mucho arroz. No es de este mundo, es del suyo aunque también pertenece a todos los mundos que viven en el Olivar.
El Olivar es mi centro del mundo de martes a viernes, de 8:00 a 10:00. Los lunes no existe, algo habrá que hacer para solucionar los lunes a solas sin El Olivar.
Bebedores de Whisky, cerveza, ron, café, leche caliente o té. Mezclados. Mezclados en una cosmogonía de razas, edades, todos los tipos de sexo (no solo hombre o mujer), un sitio pequeño con personas grandes.
- “¿A qué saben los besos de frente?” pregunta un senegalés de 34 años mientras roba unos besos en las mejillas.
- “¡A gloria!” responde una adicta a las piedras de hielo mezcladas con lágrimas de DYC.
- “¡Ya me gustaría!” continúa un polaco demasiado alto, demasiado rubio, demasiado guapo.
Mientras suena de fondo “La Cocainómana” de 1921, música de Esther que no sabemos como la consigue. Supongo que de la trastienda, un lugar de paredes de piedra, húmedas y frías donde los camareros desparecen como engullidos, tardan en salir... Creo que fabrican la música dentro o hacen pócimas invisibles para embrujar, para encantar el mundo del Olivar.
Da igual, no lo sé. Lo único que sé es que hoy es lunes, otro lunes huérfano. Algo habrá que hacer. Quiero una revolución, derribar la puerta de una patada todos los lunes y poder entrar en el Olivar.
Algo habrá que pensar.
En el Pub La Deva a 8 de febrero de 2010.
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