lunes, 27 de julio de 2015

IX. CARTA A MI HIJA DE 18 AÑOS

Estaba allí, lo vi en directo, tan rápido, tan emocionante, se vino al mundo de repente; y a la hora tenía los ojos abiertos, observando. Fue su marca de nacimiento siempre mirando y de sorpresa en sorpresa. Cuando casi no sabia hablar fue consciente que se le había dormido un pie y le puso nombre: “tengo hormigas dentro del pie”. Una mañana, después del pie, se levantó corriendo de la cama porque supo que había soñado y gritó: “estuve en Llanes”. Desde chica aprendió a disfrutar de varios mundos diferentes. Fue creciendo mientras los ojos, la mente y el corazón se le hicieron más grandes. La disgusté varias veces y me quiso otras tantas. La vi contenida en la pena, inmensa en el gozo y explosiva en el vivir. Es de una generación de mujeres etiquetadas por sus faldas, tacones y peinados pero reivindico esas mujeres porque son y pueden ser alegres, libres, independientes y poderosas. Mi entorno feminista y femenino ha conseguido mucho de lo que es ella. Gracias a todas. Después de un baño, cuando tenía poco más de un año, en uno de mis ataques de melancolía, la abrace con fuerza y me sentí acogido. Ella y sus amigas van a cambiar el mundo pero todavía no lo saben. Se llama Almudena, mañana cumple 18 años y es mi hija. Esta carta es su regalo de cumpleaños…y unos zapatos. 25 de julio de 2015.

jueves, 9 de julio de 2015

VIII. SONLLORAR

Sonreír significa “reírse un poco o levemente, y sin ruido”. Habría que inventarse la palabra sonllorar para estos días de campaña política en que se mezclan emociones personales y políticas. Sería como “llorar un poco o levemente, y sin ruido” el resultado de la presión emotiva y el trabajo que nos hace humedecernos los ojos sin llegar al llanto desconsolado. Sonllorar, la lagrima alegre unida a un puntito de melancolía